En la elaboración de esta magnífica iglesia intervinieron Pedro López, que por entonces era el Maestro Mayor de la Catedral de Málaga, y Diego de Vergara, quien se encargaría de las trazas de su Capilla Mayor.
Su gran fachada se organizó siguiendo un esquema del arco triunfal, pero interpretando a través de modelos catedralicios medievales.
La torre, situada a la derecha de la fachada, es un añadido del siglo XVII que no sintoniza con el estilo de la obra original. Los pináculos estriados que recuerdan el gótico veneciano son de gran singularidad.
El interior es una gran pureza basilical con tres naves separadas por columnas jónicas y una capilla mayor profunda. Las naves se cubren con armaduras de madera de estilo mudéjar. La capilla mayor, a la que dan luz unas elegantísimas ventanas del tipo florentino, se cubre con una bóveda de nervaduras de estilo gótico mudéjar.
La sacristía, a la que se accede a través de una bella portada de corte italianizante, se cubre con un artesonado moderno inspirado en modelos serlianos. Las capillas de la nave de la Epístola se cubren con bóvedas de medio cañón acasetonadas, salvo la antigua de Canónigos que presenta una compleja estructura de progenie siloesca.

El interior en la actualidad se encuentra prácticamente vacío de elementos ornamentales y de retablos, ya que el templo no se dedica al culto, sino a acoger conciertos y exposiciones itinerantes.
















